Fue un discurso de campaña

Al segundo mandato

En los dos primeros años de su gestión, el presidente Mauricio Macri aceptaba los malos momentos, pero apuntaba al segundo semestre del año como el futuro cercano en que todo iba a mejorar. No pasó nunca. Es más, el segundo semestre del 2018 fue de lo peor de su mandato. Ayer, en un singular discurso de inicio del año parlamentario, cambió el momento en el cual depositar la esperanza: su segundo mandato.   Porque fue un discurso de campaña en el que no existió una agenda parlamentaria. El único proyecto que mencionó -el de extinción de dominio- es un decreto presidencial. No, ayer apuntó a depositar la esperanza de los votantes -de su sector de votantes- en un segundo mandato. Porque su discurso fue una arenga de campaña, en el que apuntó a la herencia kirchnerista -y peronista en general-, la corrupción y lo bien que estábamos hasta que nos pegó una crisis externa. De errores propios, nada.   No habló, no mencionó la palabra salario ni desocupación. Sí habló de las bases que se estaban construyendo para una Argentina mejor, de la verdad que se impone ahora sobre la mentira del pasado, de los elogios que recibe en el exterior, de un país que se sufre ahora pero que nuestros hijos disfrutarán en el futuro. Y para eso, no lo dijo con estas palabras pero sobrevoló todo su discurso, se necesita que Cambiemos siga en el gobierno. Que él sea reelecto en octubre. Porque en un segundo mandato todo será mejor. Como decía un famoso riojano, “estamos mal pero vamos bien”.   De la esperanza en un segundo semestre, se pasó a la esperanza en un segundo mandato. Quien quiera creer que crea. Un dato al margen. Después de más de tres décadas de democracia ininterrumpida, es una pena ver un discurso presidencial en el Congreso con ausencia total de la sociedad. Porque el megaoperativo de seguridad de ayer mostró la imagen de una ciudad sitiada. Con personas que no podían llegar a sus trabajos. Las plazas de Mayo y del Congreso, totalmente valladas. Nadie se pudo acercar. Ni para manifestar su apoyo o su enojo. Una imagen triste.   Jorge Cicuttin - Fuente : Diario Crónica

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