El legendario cantante grabará además versiones en castellano de grandes clásicos del rock n´ roll de autores como Paul Anka, Neil Sedaka o Del Shannon

Lanza un disco con nuevas versiones de sus gemas del pasado

Ramón Palito Ortega recupera en su nuevo disco Románticos 60’s el repertorio de los inicios de su carrera al versionar en castellano los principales hits de Paul Anka, Dion Di Mucci, Neil Sedaka y Del Shannon, entre otros.

Con un pie en la etapa en la que recorría clubes de Capital, Gran Buenos Aires y Mendoza bajo los seudónimos de Tony Varano o Nery Nelson en la consagración con el Club del Clan, Ortega regresa con versiones actuales de gemas del pasado.   De esa manera versiona The Wanderer, que popularizara Dion DiMucci, Runaway de Del Shannon, Oh Carol de Neil Sedaka, Diana y Pon tu cabeza en mi hombro de Paul Anka, Stand by me de Ben E. King.   Como agregados, Palito incluye un dueto con Leo Dan en la canción Celia, una nueva composición Por los Recuerdos y su versión de La casa del sol naciente de Eric Burdon & The Animals, donde lo acompañan Charly García, David Lebón, Pedro Aznar, Moris y Fernando Samalea y que se incluyó en la banda de sonido de la película El Ángel de su hijo Luis Ortega:   - ¿De los clásicos que están en este disco de los años 60 y 70 cuales cantabas en tus inicios en Tucumán y en Mendoza?   - Ya cantaba Tu cabeza en mi hombro, cantaba una canción que habían grabado Los Cinco Latinos que se llamaba Tu eres mi destino que también es de Paul Anka, cantaba Fugitiva de Del Shannon... Hay una cosa: la gente más joven en nuestro país no conoce bien la historia. Cuando nosotros empezamos a cantar en los años 60 no se cantaba en español. Todos los éxitos musicales de esa época eran en inglés. Entonces cantar en español era una cosa bastante... un pecado.   Hubo un cantante que tenía muy buena voz, lamentablemente fue bastante fugaz su carrera, que era Billy Cafaro que cantando melódico era muy bueno, hasta que grabó Pity Pity, que también era de Paul Anka, y a principios de los 60 fue un gran éxito. De ahí no hubo más cantantes, especialmente en nuestro país, que cantaran en español y tuvieran repercusión popular. Si los precursores del rock en castellano fueron los Teen Tops que eran mexicanos con Enrique Guzmán a la cabeza, comenzaron a traducir los éxitos del rock de los 50 como La Plaga y Popotitos.   Soy amigo de Quique Guzmán, él luego cantó varias canciones mías. Pero en Argentina no hubo nada hasta que se produjo el movimiento del Club del Clan y ahí empezamos un grupo importante y la gente tenía la oportunidad de enamorarse de uno o de otro.   Curiosamente yo no sé si el productor se propuso verdaderamente mostrar a un representante de la generación del rock & roll de ese momento con un chico rubio que movía el jolito y que era muy atractivo, que era Johnny Tedesco.   “Sandro era un artista de una entrega total”   Palito Ortega, quien acaba de editar su nuevo disco, recordó con mucho aprecio a Sandro y negó una rivalidad con el Gitano, al narrar que compartían oficinas.   En una charla periodística, Ortega desmintió la rivalidad con el Gitano y recordó un encuentro muy afectuoso con Gustavo Cerati.   -¿Por esa época también surge Sandro y se habló de una rivalidad con vos?   -En el imaginario popular siempre va a parecer que son rivales o tal. Sandro estaba en el mismo edificio que yo en la calle Tucumán 1455, yo estaba en el octavo piso, él en el quinto y en el cuarto teníamos cochera los dos uno en frente del otro (risas). Siempre me hacía escuchar la última melodía que estaba haciendo o al revés, íbamos a mi oficina. Sabíamos que eso pasaba y lo comentábamos risueñamente el asunto de la rivalidad.   Teníamos muy claro qué representaba cada uno. Él era un cantante muy sexy que se movía como nadie en el escenario y que tenía esa imagen casi del amante latino. No la tenía solo acá, lo vi en Latinoamérica en un montón de países donde coincidíamos. Y tenía una cosa que lo pinta de cuerpo entero como artista: él hacía exactamente lo mismo ante 15.000 personas que ante 150. Había 100 personas y hacía lo mismo. Era muy respetuoso con eso.   Curiosamente en la oficina de él o en la mía siempre teníamos guitarra a mano y nos contábamos alguna melodía, pero nunca cantamos en un escenario juntos. En una oportunidad me dijo que se había comprometido con una sociedad de fomento a hacer un festival a beneficio, si quería ir. Vamos y nos damos cuenta de que se había juntado una gran barra de Sandro y una gran barra mía, y de repente se larga a cantar y empieza una lluvia de monedas. Después empiezo a cantar yo y dele de monedas de su lado. Fuimos gratis, entonces decíamos que juntábamos las monedas y hacíamos una gran diferencia.   ”A mí un asesor de imagen -recuerda Palito Ortega- que tenía la compañía en ese momento, que se llamaba Leo Vanés, a mí me decía que era el chico del interior, pantalón y camisa. Yo como chico del interior que no era de meterme en el ruido, era bastante tímido y la gente no sabía mucho lo que pasaba conmigo. “El iba eligiendo, se daba cuenta que tenía un grupo donde podía decir el repertorio de cada muchacho. En un momento era muy divertido escuchar algunas versiones. Por ejemplo, a mí me preguntaban “es cierto que no te podés reír por contrato?” (risas). Cómo me iban a poner en un contrato que no me riera? Era así, era muy tímido. Sigo siendo tímido, pero no en ese nivel. Curiosamente la gente vio en eso algo diferente, además de las canciones. Un día, a la compañía se le ocurrió un día decir “este es el chico triste de las canciones alegres” y lo escribió. Empezó a instalarse eso sobre mí. En realidad yo era un provinciano recontra retraído, me cuesta mucho a mi sacar, tengo que estar relajado”.

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