Organizadas , multiplican su labor en los comedores sociales

En los comedores de la crisis

Suele tener aplausos en el sector diestro de la sociedad, considerar al rigor como herramienta de orden y medicina apta para contener algo de una crisis indisimulable. No se habla de rigor literario, más allá de que “la grieta”, que se fogonea con entusiasmo desde estamentos oficiales y privados, posee sendas que sorprenderían a Orson Wells en su “War of the worlds”. Son jornadas incluso en las que “La vuelta al mundo en 80 días”, de Julio Verne, se asimila también como manual de conducción política, libre albedrío claro.   Ejemplos de una colmena social que incrementa su bravura con energía de pasiones, desechando el ejercicio y la complejidad de la reflexión. Incluso desde síntomas que se destacan sin potencia de reclamo expuesto en alta escala: las tormentas económicas, la pérdida del poder adquisitivo, la inflación que no se tomó vacaciones, como lo verificó el registro de enero, el desempleo y otros padeceres. Alta escala decimos sobre la misma sorpresa del gobierno nacional a la hora de mensurar la potencia de su ajuste y lo que hubiera o hubiese pasado en otros tiempos ante decisiones similares.   La consulta abierta es si ese enojo, que abarca a miles de semejantes, se asume empero como una culpa, cuestión para sociólogos y filósofos. Bajo la lente sin HD de los escribas emergen los brazos del llamado “feminismo silencioso”. Se trata de las mujeres organizadas que multiplican su labor en los comedores sociales, aprovechando cada minuto de trabajo y ampliando cada mesa, sobre las cuales hay cada vez más comensales, sobre todo niños. Lo destacaban con autocrítica algunos dirigentes de la CTEP, en reproche propio de que esas damas son mucho más que un ejemplo, más que póster de una estrella musical y que ni siquiera están en campaña. Son las mujeres del feminismo silencioso que ni siquiera pueden escapar a sus dramas, pero aún así brindan su esfuerzo para construir puentes y acercar platos de comida, en silencio, sin pedir ayuda sino brindándola.   Luis Autalán - Fuente : Diario Crónica

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