Surge de hacer política por espasmo

El ejercicio de gobernar en dinámica de espasmos, no es aconsejable. Puede considerarse, desde bibliografía abundante y la historia misma, que iniciar una campaña electoral bajo la misma tónica, tampoco. Mientras se alejan los deseos sinceros y también los protocolares respecto al Año Nuevo, la Argentina ya transita hacia el desafío 2019.   Entre los hits preelectorales del verano, entonces aparece la política amable de las buenas intenciones, con su legitimidad desde ya. El campo de acción empero es arena ardiente y con sensación térmica al alza, la cual verifica además su impacto psicológico. Encontramos allí temas puntuales que no resisten la acotada medicina contra espasmos.   El primer puñado de los dilemas para afrontar incluye el endeudamiento gigantesco con el FMI, pobreza, la pérdida de trabajo, el cierre de las pymes, salarios en pesos versus tarifas de servicios en dólares, educación pública diezmada y las rotundas promesas sin saldar de este gobierno desde 2015 a la fecha.    Es entonces cuando los espasmos, contracciones bruscas y persistente de las fibras musculares sociales pueden devenir, no en rigor de familia de palabras, en convulsión o convulsiones. No sólo el mercado financiero puede retener tales circunstancias. A pesar de dichas circunstancias, la agenda política, amplificada claro por los medios, abre el debate sobre bajar la edad de imputabilidad para menores, compras de pistolas Taser o expulsión de inmigrantes, entre otros tópicos.   Son temas que acaloran discusiones y polémicas, pero no constituyen la tan reverenciada gama de propuestas concretas para poner en marcha la solución a los problemas que comprimen la angustia de millones de habitantes. En los años de existencia de este país, el no cumplimiento de la palabra empeñada es inocuo.   De allí que los candidatos, pero sobre todo la ciudadanía, deberán asumir que no alcanza con entregarse a la tentación del "siento, luego existo", se exige el desafío de pensar para todos aunque incomode y demande esfuerzos y nada de satisfacción inmediata.   Luis Autalán - Fuente : Diario Crónica

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