Entre el placer de descubrir cosas nuevas y generar conocimiento, Héctor Martí recorre casi 40 años de investigación dedicados al cultivo de batata. Introvertido pero con una mirada reflexiva que a veces intimida, se autodefine un hombre tenaz. Su jubilación llega de la mano de los festejos por los 62 años del INTA, evento en el que estuvo presente para reafirmar su sentido de pertenencia a la institución.

Elogio a la tenacidad

En la tercera puerta a la izquierda del 5, como le llaman a uno de los edificios de INTA San Pedro, encontramos a Héctor Martí en la oficina en la que pasó más de 25 años investigando sobre el cultivo de batata. Detrás de escena, entre revistas científicas, libros, y un foco rústico en el barro salpicado que resaltan sus botas negras recién llegadas del campo, está la acuarela que su madre, Elsa Velázquez, pintó en el año 95 sobre las batatas Morada INTA que su hijo le llevó para que retrate en una de sus visitas. “Tengo la foto de cuando lo estaba pintando”, expresa Héctor mientras contempla esta obra de arte signada por el cariño y la presencia familiar.

Nació en San Isidro, y a los 2 años se mudó con su familia a Garín donde pasó su niñez, hasta los 13 que regresó a la ciudad. Allí despertó su interés por la agronomía. “Mi padre criaba aves, y eso me llevó a que me gustara la vida en contacto con la naturaleza y el campo. Luego en la secundaria descubrí que me gustaban las plantas, así que era lógico que me decidiera por agronomía”,introduce Héctor quien se considera una persona introvertida, pero muy reflexiva. También tranquila y conciliadora, una cualidad que supo aprovechar en su carrera profesional. Muy seguro de lo que quiere y piensa de sí mismo, lo enoja la sociedad violenta y conflictiva que falta el respeto a la autoridad. Y si tuviera que elegir una palabra para describirse, se considera tenaz: “Todo lo que logré no fue por inteligente sino por tenaz”, afirma Héctor en tono suave y firme.  

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