Macri , emocionado en la gala del teatro Colón.

No llores por mi

Fotos y acuerdos con los más poderosos líderes mundiales. Tanto con el ruso Vladimir Putin como con los grandes rivales comerciales, Donald Trump y Xi Jinping. Una cumbre del G20 que terminó sin “portazos” ni desacuerdos evidentes. Los poderosos aviones, las armas más letales y modernas, y los automóviles convertidos en fortalezas rodantes, no tuvieron que mostrar su poder bélico. Fue una cumbre en paz.

Argentina logró organizar con éxito una cumbre mundial. No es poco. Este G20 dejó dos grandes imágenes. Una, con gran valor mundial. La otra, con un fortísimo contenido local. La primera es la florida mesa que compartieron los presidentes de China y Estados Unidos, en la tardecita del sábado.

Todo el mundo estaba esperando ese distendido encuentro entre Trump y Xi, para frenar la guerra comercial que afecta la economía a nivel planetario. La segunda fotografía es la de Mauricio Macri llorando al cierre del espectáculo en el Teatro Colón. Estas lágrimas en el rostro del Presidente representaron muchas cosas. Alivio, alegría, descarga de tensiones, emoción, orgullo, el sentirse respaldado en ese teatro por líderes mundiales, cuando de las puertas del Colón para afuera hay bronca, desocupación, inflación, pobreza y una cola interminable de empresarios y sindicalistas con largas listas de reclamos.

Terminó el G20 y en el gobierno hay euforia. Porque reforzó el lugar de Macri en el mundo, y también su imagen dentro del país. ¿Alcanza para obtener un 2019 exitoso? ¿Alcanza con haber organizado una cumbre mundial brillante si no se puede hacer que un simple partido River- Boca se juegue en el país? ¿Importa que la marcha del sábado haya sido pacífica, si la semana que viene vuelven los piquetes a cortar las calles o un proyecto de ley vuelva a terminar con pedradas y gases frente al Congreso? ¿El abrazo de Trump y la bendición de Christine Lagarde son suficientes, cuando en unos días más la UCA informe sobre el gran crecimiento de la pobreza en el país?

Afuera del vallado de Costa Salguero hay otra realidad para el gobierno. Se puede llorar de emoción. Se puede llorar por un sueño. Se puede llorar por la Argentina.

 

Jorge Cicuttin - Fuente : Diario Crónica

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