Esta nueva fase que transita la economía global está caracterizada por el protagonismo de la digitalización, la conectividad y las nuevas tecnologías. La calidad del sistema educativo debe enfrentar este desafío.

Un cambio de paradigma que demanda educación

Cada vez es más común escuchar hablar acerca de la Cuarta Revolución Industrial en tanto cambio de paradigma que afectará diversos aspectos de nuestras vidas en un futuro muy próximo y este pensamiento genera tanto excitación como temores.

Se trata de un tema muy presente en agendas estatales, corporativas y públicas, por lo que se ha vuelto necesario encontrar marco conceptual para el análisis de todo lo que esta Revolución implica para las empresas y la economía en general. Uno de los más recientes trabajos sobre este tópico “Industria 4.0: fabricando el futuro”, realizado por el INTAL, describe esta nueva fase que transita la economía global como caracterizada por el protagonismo de la digitalización, la conectividad y las nuevas tecnologías.

Según se desprende de este estudio, la mayor disponibilidad de grandes volúmenes de información demanda una mayor agilidad en el análisis y toma de decisiones, generando un contexto competitivo en el mercado que hace imperativo para las empresas adaptarse al nuevo paradigma tecnológico, casi como una cuestión de supervivencia.

La opinión pública en la Argentina expresa una visión, en general, positiva acerca del impacto de las nuevas tecnologías y la capacidad interna de nuestro país para desarrollarlas. La encuesta nacional de Fundación UADE y Voices! en abril, con 1.000 entrevistas personales y domiciliarias, muestra que el 60% de los argentinos cree que las nuevas tecnologías ayudarán a mejorar su propia vida y un porcentaje similar piensa que en los próximos 10 años la Argentina se destacará por sus emprendimientos y desarrollos tecnológicos. El optimismo se diluye levemente al hablar del efecto que estas tecnologías tendrán sobre la economía del país, con un 51% de los encuestados que afirma que dichas tecnologías ayudarán mucho o bastante, y un 42% que cree que ayudarán poco o nada.

Todo parece indicar que la economía y el empleo son áreas para los argentinos en las que la innovación tecnológica plantea más incertidumbres que certezas.

Mientras que un 84% espera ver un impacto positivo de la innovación tecnológica sobre la salud en los próximos 20 años, y un 76% espera lo mismo sobre la educación es significativo el pesimismo en cuanto a la generación de empleo: un 75% piensa que las nuevas tecnologías harán perder más empleos de los que se crearán.

Paralelamente, la población manifiesta cierta resistencia ante la utilización de nuevas tecnologías en su trabajo con sólo un 26% que preferiría un tipo de trabajo basado en ciencia y nuevas tecnologías; incluso entre los jóvenes millennials, sólo tres de cada diez lo eligen. Una actitud poco conveniente si consideramos que la Revolución 4.0 tenderá a crear mayor empleo alrededor de las profesiones conocidas como STEM, por sus siglas en inglés: ciencia, tecnología, ingeniería y matemática.

Un tema central es la calidad del sistema educativo. La encuesta de Fundación UADE y Voices muestra que una marcada mayoría (66%) piensa que los colegios secundarios de nuestro país no preparan a los estudiantes para insertarse exitosamente en el mundo del trabajo en línea con los nuevos desafíos tecnológicos.

La deficiencia institucional percibida (que condice con los resultados de las pruebas PiSA) nos lleva a concluir que uno de los temas más importantes a trabajar es el rol del sistema educativo como capacitador de las personas para la vida y el trabajo en el siglo XXI.

La visión de un ineluctable avance tecnológico en el campo laboral sumada a la falta de acompañamiento del sistema educativo alimentan la idea de que la brecha entre ricos y pobres podría ampliarse ante el protagonismo creciente de las nuevas tecnologías. En relación al trabajo y nuevas tecnologías, un 67% de los argentinos afirma que las desigualdades entre ricos y pobres serán mayores que en la actualidad.

Todo lo dicho refuerza la importancia del rol que deberá cumplir la educación frente a los desafíos planteados por la Revolución 4.0 para el empleo, la industria y la economía nacional. El sistema educativo deberá formar individuos capaces de desempeñarse en un entorno donde la digitalización y la convivencia de gran variedad de tecnologías sean la norma y será necesario garantizar una educación de calidad que ayude a comprender y reflexionar sobre el valor y el profundo impacto social del cambio tecnológico.

Fomentando el interés temprano, concientizando y alimentando el deseo de formar parte activa de ese nuevo escenario de empleo permeado por la tecnología, es que podremos prepararnos para el futuro brillante que los argentinos imaginan para el país en materia de desarrollo de nuevas tecnologías.

Los cambios ya están y se aceleran pero también son una oportunidad. La variable tiempo es fundamental. Los países que se adapten primero y formen a su gente estarán preparados para enfrentar los nuevos desafíos.

Los argentinos debemos trabajar para resolver la brecha digital fomentando y capacitando en el uso de las nuevas tecnologías en las empresas y en el sector educativo formal , y la vez promoviendo competencias blandas (habilidades comunicativas, flexibilidad, trabajo en equipo) que robustezcan la incorporación de innovaciones.

Fuente : Mirta Carballo - Diario Clarin

Marita Carballo es socióloga, presidente de Voices, miembro de la Academia Nacional de Educación

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