El cambio climático es una realidad de hoy, no del futuro, no de otro país. Es una realidad, y hay que afrontarla.

Por un futuro próspero, inclusivo y de buen vivir

(Shutterstock)

Jóvenes de todo el mundo se volvieron a manifestar este viernes en las calles para reclamar mayor ambición en la lucha contra el cambio climático, porque lo tienen muy en claro. Los impactos ya comenzaron, y con el correr del tiempo serán peores. Quienes tienen menos de 20, terminado su secundario, o comenzando carreras/trabajos por ejemplo tendrán 50 en 2050, y quienes recién están naciendo serán la clase trabajadora joven en ese mismo año.   Su pedido es claro: queremos soluciones ya. ¿Y por que? Porque esta lucha es parte del problema social, y aunque suene arrogante, es incluso más importante. Los escenarios más adversos del cambio climático proyectan que todos esos problemas se volverán más difíciles cuando los impactos sean irreversibles. Aumentaría la pobreza, la vulnerabilidad, el acceso al alimento y la energía, de manera que la (ya existente) desigualdad que vivimos será peor.   Estos mensajes que vienen de la ciencia, de la academia, de los hechos, han sido escuchados por la juventud, y por eso reaccionan. Si la gente adulta hubiera escuchado antes, la historia sería otra.   El Brown to Green Report, una publicación que analiza la performance de los países del G20 da cuenta de la situación en los países del G20. De ese reporte, al igual que muchos otros reportes internacionales se destaca que todos los países del G20, incluido el nuestro, no están a la altura de la ambición climática.   Es claro que el principal obstáculo para la transición a una economía baja en carbono en Argentina recae sobre el notorio interés general en el sector del petróleo y el gas. Los avances en materia de Energía Renovable y sistemas de respuesta al cambio climático se ven opacados no sólo en los anuncios de medidas para favorecer el desarrollo del yacimiento de petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta, sino que además se ve en la promoción de la explotación de los recursos convencionales del Mar Argentino a través de las licitaciones para explotación off-shore. Todo esto incentivado con planes de subsidios económicos del Estado a las empresas productoras de estos recursos, que se han ido reduciendo en dólares, pero por la realidad económica argentina han representado aumentos en el presupuesto nacional.   La deforestación y la presión del sector agropecuario sobre el ambiente han llevado a que nuestro país tampoco tenga buenos resultados en esos sectores.   La transición en un país como Argentina es importante, es relevante y necesaria. Hay que dar las discusiones difíciles sobre los cómo, pero tiene que hacerse no solo por la contribución solucionar el problema global, sino que también por la calidad de vida de todas las personas que habitan en él. La clave acá es que hacer la transición de manera justa no es sacrificio, un futuro sostenible, sin emisiones, es un futuro próspero, inclusivo, equitativo y de buen vivir.     Por Enrique Maurtua Konstantinidis - Fuente : Infobae

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