Macri siente que concluye su mandato casi en el mismo lugar en que lo inició, o que eso es lo que van a afirmar sus críticos. Su campaña está signada por los mercados. La primera excursión de Alberto F. en modo "presidente virtual".

Alberto Fernández reanudó la campaña en Europa con Portugal como ejemplo

Se resistió hasta el final, y hoy más de uno se siente tentado en preguntarle si no hubiera sido preferible hacerlo antes. Mejor no; ni los más íntimos se animan a sugerirle al Presidente que tal vez hubieran evitado algo de la zozobra vivida las últimas semanas si las restricciones a la compra de dólares se hubieran dispuesto antes. Pero bastante mala sangre ya se ha hecho Mauricio Macri en el último tiempo como para restregarle la herida.

Porque cuando sobre el final de la última semana de agosto -un mes que el ex presidente de Boca quisiera eliminar de su memoria- terminó cediendo y dio luz verde a su nuevo ministro de Hacienda para aplicar eso que rápidamente se dio en llamar "cepo light", el Presidente sintió que concluía su gestión casi en el mismo lugar en el que arrancó. Ya ha tenido que comerse el sapo de la inflación, que en su anterior campaña presidencial supo definir como "el problema más fácil de resolver"; ahora siente que a la serie de renuncios del final de su ¿primera? gestión debe agregar la vuelta al cepo.

Que lejos está del que tanto criticó la oposición al kirchnerismo durante años y que él hizo levantar en su primera semana de gobierno, pero sabe en el fondo que el nuevo relato le atribuirá en el futuro haber reinstaurado el cepo, sin vueltas.

No le quedaban muchos caminos al gobierno, cuando cerró una semana turbulenta con el candidato más votado en las PASO proclamando ante el diario económico más importante del mundo que la Argentina "está en un virtual default". Porque eso también dirán del gobierno de Macri: que volvió a dejar al país en default, después de haberlo sacado en 2016.

La realidad puede ser distinta a esas sentencias, pero lo cierto es que el gobierno ha perdido inclusive margen para dar la pelea dialéctica. Debe moderar sus expresiones, si quiere que la principal oposición no le conteste con frases incendiarias.

Por eso los halcones de Juntos por el Cambio han debido contenerse: Elisa Carrió ingresó al cono del silencio -aunque este fin de semana retomó las recorridas, ahora por el interior del país presentando su libro, al estilo Cristina con el "Sinceramente tour"- y Miguel Pichetto direccionó particularmente sus críticas los últimos días a las organizaciones sociales, que redoblaron en el último tiempo sus protestas, emitiendo un mensaje que excede a la actual gestión: le hablan también al poder que viene. Se visibilizan, marcan territorio.

Formalmente la campaña se reinició este fin de semana, pero unos y otros han alterado estilos. Macri, con las limitaciones citadas, y su vencedor en las PASO presumiéndose a sí mismo como el seguro futuro presidente. En ese contexto podría decirse que Alberto Fernández arrancó la campaña en España, donde se mostró casi como presidente -virtualmente- electo, aunque él insista en decir que es apenas candidato.

Así se reunió el jueves con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y al día siguiente con Antonio Costa, primer ministro de Portugal, país cuya experiencia de salida de la crisis desearía replicar en la Argentina en caso de ganar la presidencia.

Es el discurso que desde el Frente de Todos expresan al tomar distancia del acuerdo que el gobierno de Macri hizo con el FMI. El de seguir el modelo portugués, que motivó al propio Fondo a afirmar que la recuperación de ese país "es una lección para Europa y el mundo".

La historia completa indica que el socialismo que gobierna allí desde 2015 no es el responsable exclusivo del "milagro luso", sino que hubo otro gobierno socialista que cayó por la crisis y uno conservador que lo sucedió, e hizo grandes ajustes en el marco de una recesión profunda y prolongada que se extendió entre 2011 y 2013, cuando el pico de desocupación llegó a 16,2%.

Hubo en Portugal una reforma laboral, un recorte del 25% a los sueldos de los empleados públicos, congelamiento de los salarios docentes y una elevación de la edad jubilatoria. Aumentaron además el IVA del 21 al 23%, y no lo volvieron a bajar, si bien redujeron otros impuestos.

Con el gobierno conservador comenzó a revertirse esa crisis, pero -como suele suceder- esa administración perdió las elecciones y volvió el socialismo, con cuyo primer ministro se vio Fernández el viernes.

El gobierno siente que contra su voluntad, el Frente de Todos ha logrado obligarlo a adelantar las medidas que ellos hubieran aplicado al asumir. Esa es la gran decepción de un Mauricio Macri que debe medir cada palabra que dice en esta campaña para no provocar una réplica que lo desestabilice aún más. Y siente la decepción de saber que más allá de que lo que dijo el lunes posterior a las PASO es lo que realmente piensa, la mayoría lo responsabiliza a él, y no a Alberto ni a Cristina de esta fuerte devaluación que ha minado prácticamente todas sus chances de revertir la elección.

Más allá de esa sensación oficial y del relato que vaya a componerse, lo cierto es que no ha sido menor la contribución del gobierno en construir su propia fragilidad.

Podrá atribuirle la Rosada todos sus males al resultado de las PASO, pero los datos previos a las elecciones que va revelando el INDEC no muestran el repunte que el equipo de Nicolás Dujovne anticipaba para la segunda parte del año. El jueves se conocieron los datos correspondientes a julio, referidos a la industria y la construcción, y si bien muestran una mejora con respecto al mes anterior, siguen exhibiendo caídas respecto de la misma época en 2018, clímax de la crisis.

En este contexto debe hacer campaña el oficialismo, que a nivel nacional insistirá con las redes sociales, a diferencia de María Eugenia Vidal, que viene reforzando sus apariciones en distintos lugares de la provincia, privilegiando el contacto directo con la gente. No es en lo único que se diferencia la gobernadora, a quien se la vio en la semana en un video escuchando atentamente las penas que le transmitía un comerciante de Junín. Con cara afligida, se la escuchó claramente decir que "todo lo que podía hacer por la provincia ya lo hice. No tengo más herramientas". Tardíamente Mariú ensaya cierto despegue del gobierno nacional.

En efecto, ella hizo todo lo que estaba a su alcance, incluso a nivel nacional, desprendiéndose de su ministro de Economía para que pasara al gobierno nacional. Allí no son pocos los que se lamentan por no haber contado con Hernán Lacunza antes. Más político que su antecesor, un hombre al que Macri había designado atraído por su capacidad de comunicar, y fue precisamente esa función la que menos supo cumplir, Lacunza es reconocido en el gobierno, sus pares y el empresariado por su capacidad, aunque es contrafáctico imaginar qué hubiera sucedido de haber llegado antes.

En la Casa Rosada son mesurados al referirse a la campaña que harán camino al 27 de octubre. "Hoy la mejor campaña es mantener al dólar quieto y las reservas firmes", confesó un funcionario consultado. Los resultados de la primera semana tras la instauración de las restricciones cambiarias fueron positivos. El dólar experimentó una baja del 6,5%, y en cuanto a los retiros de fondos, la semana cerró con una notoria disminución respecto de cómo había comenzado.

El Banco Central autorizó a las entidades bancarias a extender sus horarios de atención, cuestión de aventar cualquier sensación de crisis. Pero eso no indica que no hayan echado mano a estrategias para disuadir el retiro de fondos, como la de remitir a los bancos billetes de 50 dólares en lugar de 100. Más de un ahorrista asustado se echó atrás cuando vio el volumen que representaba retirar su depósito en dólares.

Con todo, en apenas una semana las reservas cayeron 3.149 millones de dólares. Casi el 60% del desembolso que se espera ansiosamente del FMI, que lo enviaría -si lo hace- recién en noviembre, pasadas las elecciones.

Sobre esa última remisión habló Mauricio Macri con su amigo Donald Trump el sábado pasado, según trascendió. El presidente norteamericano se mostró receptivo, pero ya no le pudo dar garantías: demasiados incumplimientos de parte de la Argentina, un inesperado resultado adverso del gobierno, y un Fondo Monetario ya sin nuestra amiga Christine Lagarde al frente, y con su sucesora aún sin asumir. En estado de transición como la Argentina.

Compartir

Comentarios