El día después de la severa derrota, el gobierno vivió una jornada muy agitada en la Rosada, al compás de los mercados complicados. Las señales que dejó la conferencia de prensa

Entre el "voto bronca" y cierta falta de autocrítica

Con el rostro aún golpeado por la debacle electoral, al igual que su compañero de fórmula Miguel Ángel Pichetto, que lo acompañó en la rueda de prensa, Mauricio Macri intentó ayer mostrar fortaleza institucional para evitar nuevos sobresaltos hasta los comicios del 27 de octubre, pero evitó toda autocrítica por la continua devaluación del peso -subió de $46 a casi $57-, le adjudicó la nueva depreciación al éxito electoral del "kirchnerismo", evitando mencionar al Frente de Todos, y reiteró que "nos haremos cargo de gobernar" y tomar medidas para evitar un desmadre mayor de la economía.   El día después de la derrota por 15 puntos de la fórmula presidencial del oficialismo a manos de la dupla compuesta por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que le abre al peronismo el virtual regreso al poder el próximo 10 de diciembre, se vivió una agitada jornada en Casa Rosada. Bien temprano el Presidente recibió al equipo económico, incluido el titular del Banco Central, Guido Sandleris, cuando se preveía la nueva escalada del billete verde. Luego hubo reuniones privadas y se pasó la reunión de gabinete para las 15.30, cuando el mercado finalmente cerró con las nuevas malas nuevas.   Más tarde vino el momento de la conferencia de prensa en que el Ejecutivo intentó mostrar fortalezas. Pero se notó una ambivalencia entre lo que mostraban los rostros ajados de Macri y Pichetto y sus declaraciones cuando, por caso, dijeron que los resultados del proceso electoral "no están cerrados", evitando hablar de un proceso de transición hacia la entrega del poder. Al actual senador se lo veía más angustiado y en más de una ocasión, Macri lo tuvo que invitar a que realizara declaraciones para apuntalar la estrategia gubernamental. Tampoco pareció genuina su descripción de la autoridad presidencial: "el Presidente está en control".   Con todo, Macri reconoció que el "voto bronca" por la malaria económica torció su suerte en 22 provincias y por la que gran parte de su electorado le dio la espalda. "Representa la bronca acumulada por el duro proceso económico que hemos tenido que recorrer en estos 3 años", resaltó aunque evitó admitir los errores que llevaron a que el país registre alta inflación, una suba de la inflación y el desempleo superiores a los valores registrados hasta diciembre 2015. Es decir, la derrota se explica por los problemas de la economía real -que hizo mella en los ingresos de la clase media, bastión de los últimos éxitos electorales del PRO- y por ahora Macri no ha llevado a cabo una autocrítica creíble: volvió ratificar que "este es el camino" y que el país "sentó las bases para crecer", valorando medidas como "la mayor exportación de carne" que tiene más que ver con un regreso a la primarización de la economía que de un crecimiento sustentable de la misma.   En medio de un mar de rumores, el jefe de Estado descartó cambios en el gabinete y dijo haber instruido "al equipo económico para que tome medidas necesarias para cuidar a los argentinos". Pero evitó precisarlas.   No queda claro si ha intentado crear expectativas favorables o hay un plan de contingencia en marcha. Tampoco abundó sobre la convocatoria a los otros cinco postulantes presidenciales -"llamé a los candidatos para participar de un proceso electoral constructivo", dijo, aunque al cierre de esta edición no estaba confirmada la comunicación con Alberto Fernández, el ganador de las PASO- y no parece clara la intención para robustecer la gobernabilidad hasta el 27 de octubre, primero, y luego hacia el 10 de diciembre cuando terminaría su mandato.   El Presidente varias veces repitió que "nuestra tarea es gobernar", pero adjudicó la suba del dólar y del riesgo país de ayer al "kirchnerismo" y no a los candidatos del Frente de Todos. "La alternativa kirchnerista no tiene credibilidad en el mundo", fustigó continuando la estrategia polarizadora. Si bien pareció insistir en la campaña de miedo por el regreso del fantasma K, a su lado Pichetto intentó seducir a los otros espacios de los que podría el oficialismo pescar más votos. De todos modos, las matemáticas aún así tampoco ayudarían a Juntos por el Cambio.   Ante la consulta sobre si hizo autocrítica por las condiciones de vulnerabilidad de la economía que sufre constantes devaluaciones de su moneda, con la consecuente inflación, Macri dijo que "gobernamos en las peores condiciones: cuando arrancamos no solo teníamos cepos, estábamos en default, menos de 5 mil millones de dólares netos en el Central y hemos ido revirtiendo muchas de estas vulnerabilidades y otras no hemos podido. Lo que no podemos revertir es la incertidumbre política: los argentinos tenemos que decidir si vamos hacia el futuro y eso nos da una fortaleza para poder crecer o si volvemos al pasado que nos lleva a lo que pasamos hoy. Tal vez otros podrían haber solucionado estas vulnerabilidades más rápido. Pero hoy tenemos energía que no teníamos, infraestructura o conectividad y más de 200 mercados internacionales abiertos".   No precisó una respuesta a la otra consulta de este medio, sobre si teme no llegar a entregar el poder el 10 de diciembre en caso que se confirmara la victoria de Alberto Fernández. "Confío que vamos a revertir el mal resultado de ayer (por el domingo) y vamos a tener una elección más pareja que nos permita ir hacia un balotaje, con la mayoría que no queremos ir al pasado podremos fortalecer nuestra democracia", concluyó el jefe de Estado.

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