Trazos sobre la suerte, las armas y el riesgo de combustión

En tiempos en que las metas de inflación se han convertido en la línea del horizonte, es decir, algo que no se puede alcanzar ni siquiera con un esfuerzo titánico, hay trazos gubernamentales que sorprenden. Desde sus ministros o en la propia figura del Presidente de la Nación se conocen expresiones poco afortunadas.   Referimos a la consideración de la titular de Seguridad, Patricia Bullrich, donde -palabras más, palabras menos- validó que todo habitante del país tenga derecho a portar un arma y circular con ella en virtud de que esta nación es libre, cuya edición posterior no alcanzó a menoscabar el impacto de sus dichos en una entrevista.   Los ejemplos no incluyen que el regreso al FMI se justificó en mantener la cultura del trabajo, y para no correr riesgo de revisionismo alguno arribamos al desliz futbolero del jefe de Estado al mensurar la fortuna que posee el entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo. Todo en jornadas donde la agenda oficial posee una gran porción dedicada al próximo superclásico que definirá la Copa Libertadores, la asistencia de público visitante o el "arriesgar para ganar", se arribó a la conclusión gubernamental de que será decisión soberana de los clubes cómo se organiza la justa deportiva.   Podría considerarse que cuando la oscuridad oscurece, respecto del costo de vida, empleo, inflación y otras cuestiones sociales, se apela a estrategias familiares para cambiar de tema o hablar de otra cosa en una mesa complicada por motivos tan obvios como graves. El grado de riesgo que imprime tal ejercicio incluye que la carrera armamentista familiar derive en más violencia de la ya existente, sin olvidar la herramienta de bajar el límite de edad para que un menor sea imputable penalmente, un debate que suele asomar con impronta superficial y temeraria.   Dicho en razonamiento químico: ante las llamas o brasas no se aconseja rociar combustibles.  

Luis Autalán - Fuente : Diario Crónica

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