Ventajas y desventajas de tener a Lilita

En la última semana, Elisa Carrió volvió a disparar una crisis interna en Cambiemos, esta vez con la particularidad de anunciar que impulsará el juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano, aun luego de que el propio presidente Mauricio Macri lo respaldara, y hasta emplazó a éste a decidirse entre ella o su amigo el titular de Boca, Daniel Angelici.   De todas maneras, luego dio a entender que ella no propiciará la ruptura de la coalición. El fenómeno de Carrió es interesante para evaluar cuánto de bueno y cuánto de malo puede representar para una alianza de gobierno. Por un lado, resulta simpático para quienes valoran la tolerancia y el espacio para las discrepancias dentro de una agrupación política.   Supone la posibilidad de enriquecer el debate y de poder corregir eventuales errores. En cambio, eso no es factible en organizaciones verticalistas, donde lo que dice el que manda -por ejemplo, un presidente- prácticamente es palabra santa, por lo que los subordinados se limitan a recibir directivas y llevarlas adelante.   Eso está bien tratándose de funcionarios designados, como los ministros y secretarios. Pero en el caso de los legisladores, que componen un poder separado del Ejecutivo, debiera primar el espíritu crítico, por más que se trate de diputados o senadores oficialistas. Se supone que, en su rol de legisladores, deben presentar proyectos de leyes y además estudiar y analizar los que presentan los demás, incluyendo al Poder Ejecutivo.   Ningún legislador debería aceptar que le ordenen votar algo a libro cerrado o sin tocarle una coma. Pero no todo es a favor, al menos en el caso de Lilita. El tono con el que marca sus disconformidades y su costumbre de hacerlo públicamente les dan un carácter casi extorsivo y rupturista, que debilita políticamente la imagen de la coalición, aunque eso no parezca preocuparle mucho a la legisladora de origen chaqueño.   En cualquier caso, es una dirigente especial que claramente hace más entretenido el trabajo del periodismo.   Javier Carrodani - Fuente : Diario Crónica

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