Nuevamente un conductor alcoholizado mató a un ciclista.

Un automovilista que circulaba a toda velocidad y altamente alcoholizado embistió brutalmente y mató a un ciclista en el km 28 de la Panamericana. Más allá de la inaceptable e ilegal presencia del ciclista en la autopista, el alcohol al volante volvió a matar.

     Desafortunadamente esta historia no puede volver para atrás.

     Pero las autoridades y la sociedad toda tenemos la obligación de hacer lo necesario   para que estas historias no se repitan nunca más.

     La investigación mundial ha identificado como una medida indispensable para disuadir a los conductores a beber, la realización sistemática de controles de alcoholemia y la sanción severa a los que superen los límites legales permitidos de alcohol.

     ¿Para qué? Para que en la mayoría de la población sea tan alta la percepción subjetiva de las posibilidades de que un conductor sea detenido, sometido al test y, de encontrarse alcoholizado, resulte gravemente sancionado (con multas, suspensión de licencia, cursos y hasta prisión), que la disuada de beber y conducir.

     En Argentina, los controles de alcoholemia son escasos, esporádicos y sólo en algunos puntos del país. Un abordaje serio requiere controles sistemáticos, generalizados y continuos de alcoholemia en todas las rutas y las ciudades y que se sancione efectiva y seriamente a los transgresores.

     Además, el Congreso debería sancionar la Ley pendiente de los Delitos contra la Seguridad Vialen especial el de la conducción alcoholizada en alto grado

     Los países que trabajan por la seguridad vial invierten recursos en este tema, realizan millones de alcoholemias al año, porque saben que la inversión se amortiza con menos muertos y heridos en el tránsito y la reducción de los costos sociales y económicos.

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